10 de enero de 2018

Volver a los 22 con "La mirada de los peces" de Sergio del Molino

13 divagues
Toda esta historia comenzó en dos institutos de barrio de Vetusta.


Y no, no fui yo: yo no engrosé las listas del instituto de mi barrio, porque mis padres consideraron que todo estaba bien en el colegio de las Madres del Paseo de los Pájaros-que-cantan-bien, y que podía seguir allí en BUP. Cómo se equivocaban: nueve años más tarde, cuando le tocó a mi hermanita (la artista que no era aún conocida como Fashion), ya me había dado cuenta de todo lo que me había perdido en ese colegio de monjas conforme y alumnas formales. Así que logré que Fashion comenzara Primero de BUP en el Instituto donde, para dejar más claro que rompíamos -ella en persona, yo vicariamente- con todo lo que las Madres representaban, además elegimos ética, en lugar de religión.





Aburrimiento y pipas con sal
Dice Sergio del Molino en su última novela "La mirada de los peces" que la característica transversal de los chavales de los institutos de barrio de la Vetusta de los 90 era el aburrimiento, y relata interminables tardes comiendo pipas en bancos de parques- que apenas se diferenciaban de los descampados, paisaje definidor y siempre de fondo en la novela. Me he reído mucho con él: "dicen que el primer paso para la heroína son los porros; yo digo que son las pipas con sal". Pero tras terminar el libro, me he preguntado, retóricamente: "Aburrimiento?" Sergio del Molino, yo te lo digo: el Aburrimiento con mayúsculas se inventó en el Paseo de los Pájaros-que-cantan-bien. Igual no había descampados, pero era el verdadero erial.

"La mayor parte de la gente que tratamos a los dieciséis se vuelve extraña de adultos, incluso extranjera".
Del Molino tenía un par de colegas del insti importantes: Asteres que acabó en Físicas, para quien lo importante era "ser elegante", y Rober que tenía una hermana mayor y le introdujo a cierta música-escapando de aquella época en la que eran todos heavys, como en Vetustilla de la Torre.

Hablando de Vetustilla, el arquetipo del "pueblo", Del Molino habla de que "todos tenían pueblo" y cuando volvían de él, aún eran una versión más bruta y asilvestrada de ellos mismos, si eso era posible. Yo no "tuve pueblo" en mi infancia-íbamos a la Cerdanya, la tierra de la Yaya, otro planeta. Pero por los 11-12 años mis padres compraron la casa de Vetustilla y allí entré en contacto con ese mundo. Allí era yo de nuevo una marciana porque si algo hizo el colegio de las monjas del paseo de los pájaros que cantan bien es que yo ya nunca hablaría como ellos o me tocarían sus mismas preocupaciones (tales familias no se hablan porque). Hoy en uno de esos pueblos me ahogaría.

Pero mis amigas del colegio tampoco eran como Asteres y Rober, gente de la que podías aprender, con las que podías compartir. Estas chicas tocaban el piano sin pasión ninguna por la música, sino porque papá quería, iban a Inglaterra en verano a aprender inglés sin ningún interés-yo las superaba en las notas sin haber pisado la isla, y esquiaban sin ningún amor al deporte. Todo eso porque es lo que hacía alguna gente que vivía alrededor del paseo de los pájaros que cantan bien.
Así que yo, pasados los años y mirando atrás, me doy cuenta de que he sido una extranjera desde siempre, en diferentes contextos: no es de extrañar que me tuviera que ir de la península para acabar siéndolo por derecho propio. Y aquí empiezo a encontrar puntos en común con Del Molino, que se siente así en Vetusta (no era de allí, llegó de peque), y esa sensación de "extranjero" transpira durante la novela. Dice que le incomodan "las formas bruscas de algunos aragoneses, la nobleza parece una obsesión y el orgullo es una forma de resentimiento". Impagables las páginas que dedica a los inefables "cabezudos, arquetipos monstruosos, representantes de la otredad, tipos marginales, despreciables, ajenos a la tribu".

Los vascos, los argentinos, Barricada, follar
No solo parezco compartir otredad con Del Molino, sino un montón de intereses comunes (como diría Sábato "las casualidades no existen"). Cuando describe a "los vascos", esos seres exóticos que aterrizaban en la Univetus, que siempre eran más radikales, más de izquierdas, y que todos llevaban un lauburu colgado del cuello "se lo ponen en la maternidad", decíamos. Compartimos la fascinación por ellos, y yo de hecho terminé con uno de esos espécimenes de supuesto Rh-.
Cuando describe lo suyo con Barricada, ya directamente me saltaban lágrimas de emoción, y no puedo dejar de enlazar que ESTUVE VIÉNDOLES en Londinium! (gran noche).

Por no hablar de Cortázar, mi escritor fetiche, del que casi no he divagado porque casi todo lo leí en aquellos años vetústicos sin blog, con el que coincidimos hasta en relatos favoritos "Manuscrito hallado en un bolsillo", y Sábato, y la necesidad de hacernos argentinos y tomar té en el London City en la Avenida de Mayo.

Y además usa el verbo follar en lugar de esas cursilerías que usan algunos para describir lo que hacen con su pareja. Olé tú Sergio.

Foco: Aramayona entra en escena
Pero divago: porque yo había venido aquí a hablar de un libro-no mi potencial "Bildungsroman". Estábamos en que Fashion había escapado del moridero monjil y había aterrizado en el instituto del barrio donde, tras ser amenazada de muerte (de buen rollo) por unas chungas de otra clase y un par de incidentes más, una vez que se uniformó como ellos (capas de camisetas, palestino, carpeta forrada del Che et el) y se alió con algún chaval enterado, pasó a ser respetada y a disfrutar del insti, donde terminó años más tarde COU con sobresalientes por un tubo.
Pero estamos en Primero, donde la pobre se intenta hacer un lugar, y en concreto en su primera clase de Ética. El profesor era "el nuevo", un tipo con gafas que iba con una muleta y que "parecía inofensivo" que dice Del Molino. Era interino, aquellos "cuyo objetivo es aburrir a los alumnos hasta que vuelva el aburridor oficial que está de sabático, o teniendo hijos, o de baja por depresión". Se llamaba Antonio Aramayona.

Correría el año 93. Yo todavía estudiaba en la soporífera Univetus: lo mío era de nota, del coma con las Madres al estupor en una de las facultades más carcas de la Univetus-me consta que en Ciencias y demás había gente normal. Fashion y yo nos juntábamos tardísimo a comer en casa, donde nos esperaba un plato de loquefuera delicioso (dice mi yo actual, con su limitado éxito/interés culinario) cubierto por otro plato. Todos se habían ido de tan tarde, y recuerdo esas comidas con gran cariño: la peque, con la que desde siempre me encantó hablar, se estaba transformando en una adolescente divertida e interesante y yo estaba allí -mis últimos años en casa- para disfrutarlo. Por supuesto el nuevo instituto era tema estelar, y en concreto ese profesor nuevo de ética que vino a revolucionar la clase, el curso, y al instituto. Hasta a nosotros (el Peda et moi) nos tocó su varita.

2mun2
Nosotros éramos los hermanos mayores universitarios de aquel grupo de chavales que congregó al llegar al insti, y lateralmente participamos en algunas de sus movidas. Por ejemplo, la revista 2Mun2, un fanzine que se imprimía, como la del autor, en la fotocopiadora no sé si del insti o de la Casa de Juventud (divague: gran reflexión de Sergio sobre las famosas Casas que, en realidad, no eran para integrar a la juventud problemática, para sacar a los gitanos del gueto, o a los chavales que no habían llegado al instituto. Las Casas tenían rejas para mantener a los chicos que acabarían en la uni dentro, separados del resto, haciendo actividades típicamente progres como revelado en cuarto oscuro, teatro, bailes y... por supuesto fanzines) .

Yo ya ni recuerdo lo que escribí en aquel embrión de blog comunitario, agitprop en estado puro, pero cómo olvidar la aportación del Peda, de la que ya he divagado aquí antes. Se titulaba "20 años ya" y era un alegato en contra del Borbón por su 20 aniversario como monarca, en la época en la que la corona era intocable. Me enternezco de recordar cómo la editorial del fanzine sufrió y se debatió entre no publicarlo "porque nos podían cerrar la revista". Ahí estábamos chavales planteándonos los límites de la libertad de expresión, y Aramayona sobrevolándonos.

Aramayona se va al insti de San José, zona de guerra
Sergio conoció a Aramayona un anio después, porque tras aquel Primero de BUP épico en el insti de Fashion, le trasladaron al Instituto del Barrio de San José, donde estudiaba él. La novela es mucho Aramayona, y mucho San José, y mucho más aún Sergio del Molino. El sí que ha escrito una Bildungsroman.

Su instituto era una auténtica zona de guerra, el vandalismo que describe es tan bestia que he tenido que comprobar con Fashion que no había olvidado parte de las conversaciones de las comidas al microondas (acelgas, ternasco, mmm). Pero no: fuera de la etapa de "las chungas", Fashion confirma que esas burradas de San José no pasaban en su insti. El propio Del Molino comenta lateralmente, cuando se conocen, como estos eran alumnos "más alegres y sofisticados" que ellos-será por el aire y el sol del "pulmón de Vetusta". Porque cuando Aramayona comenzó en San José, ya le seguía una reputación de "adorado por sus exalumnos" que le habían despedido con lágrimas. Aramayona mantuvo a estos exalumnos en contacto, y formaron "una fraternidad interinstitutal" con los del de Sergio. Y con ambos grupos la lió parda en el "festival de la paz".

"Vamos a reventar el festival"
Esta frase resume un poco la idiosincrasia Aramayona y Sergio lo cuenta en un capítulo. Al leerlo, enormes flahsbacks de cuando Fashion me explicaba lo que estaban planeando comiendo cardos o tal vez borrajas. "Tengo que sacar ropa pija, de la que usaba cuando iba a Green con las del cole... vamos a hacer una performance... a ver, van a estar haciendo un festival en el insti de San José, de apoyo a los refugiados, los excluidos, ese rollo.... entonces nosotros, que estaremos infiltrados entre el público, empezaremos a gritar diciendo que todo es una mierda, que fuera refugiados, gitanos y tal... guay, no?".

Del Molino cuenta el desenlace de aquella historia, y no veas la ilusión que nos ha hecho a Fashion y a mí encontrarla en un libro. El la incluye como otra ilustración de quién era Aramayona y cómo forzaba los límites para ver cómo reaccionaba la gente, para que se extrañaran de quien podían llegar a ser en determinadas circunstancias... para que se conocieran mejor. Hay otros ejemplos como terribles dilemas morales en clases de ética (cooperas o compites, traicionarías si bajo presión)... todos eran muy él.

Dice Del Molino que se equivocan los que comparan a Aramayona con el profe inspiracional de "El club de los poetas muertos", porque Aramayona había venido "a hacer de nosotros unos terroristas", dándoles a este grupo de chavales que estaban "hechos de carpe diem" conciencia de su propio poder.

Conceptos aramayónicos
Recuerdo tardes de conversaciones en el salón de su casa, que estaba al fondo de un pasillo que me encantaba, forrado de libros. Hablábamos de Insumisión, cuando el Peda la iba a hacer y cuando la había hecho, de política, de libros, de nuestras familias.. Fue él quien una tarde me dijo si me había dado cuenta de que yo era probablemente la persona más importante en la vida de mi hermana. Por ahí estaban a veces Begoña su entonces mujer y Begoñita su hija. Hablábamos de pertenecer, nos ayudaba a mirar lo cotidiano desde fuera: de él es el concepto de "aragonés enfadado" que desde entonces hemos adoptado: "el aragonés, decía, es un carácter perpetuamente cabreado", y pensaba en mi profe de geología que nos decía "los gallegos son suaves, dulces, y los aragoneses bruscos, ariscos: es todo el paisaje". Qué gran verdad: en Vetusta para contestar "no lo sé" algunos dicen "lo sabes tú". Es agresividad en vena, que ellos no sienten como tal.

Recuerdo una noche en "La trompetilla", un sitio cool de jazz con él y este grupo tan diferente de mis compas de la facultad, o en el Café La Palma. Creo que en aquella época yo ya había dejado "Radio La Granja", o seguro que Aramayona habría venido a algún programa.

El periódico, cartas al director
Cuando empezó a escribir artículos en El Periódico (en el que Del Molino cuenta que al final le censuraron), me hizo tanta ilusión que escribí una carta al director para felicitarles por tener alguien como el profesor escribiendo. Nos reímos mucho porque, en aquella época, escribíamos estas cosas a mano y al transcribir mi carta, mi letra les confundió y lo que yo había escrito "terminar con las lacras de la humanidad" apareció como "las larvas de la humanidad". Cuando lo leí casi me da un yu-yu y llamé a Aramayona, que me dijo "no, no queda mal... lo tomé metafórico". Y más risas.

Y esta es la inmerecida dedicatoria de su libro de recopilación de aquellos artículos, "Con otra mirada", que nos regaló y que tengo aquí al lado.






Amor tristanisoldiano
Sergio tuvo a Andrea en la época del instituto: esa chica atormentada repetidora con la que se enviaban mensajes en las clases, que se fueron extendiendo hasta hacerse larguísimos, y que él descubrió, muchos años después, que ella había guardado como un tesoro. Esta es una de las partes que más me gustan de la novela: Sergio nos cuenta que, con las urgencias de la adolescencia, él quería un tipo de amor (el de Hollywood-llevado-a-San-José, supongo) que ella no le podía dar así en ese momento. Pero pasados los años, él se da cuenta de cuánto le quiso, de otra manera, y se maldice por no darnos cuenta de todas las formas a las que nos cerramos porque no son "a nuestra manera".

Cazador de sentimientos
Andrea asistía a sesiones de "psicoanálisis" con Aramayona en su piso, en ese salón al final del pasillo, sesiones de las que no quería nunca hablar y que la dejaban taciturna. Aún recuerdo cuando nos contaba las "situaciones dantescas que algunos alumnos vivían en sus casas" (refiriéndose a violencia doméstica), y todo esto a nosotras nos sonaba a chino, a un país o continente diferente.

Del Molino describe a Aramayona como un cazador de sentimientos ajenos, le interesaba ahondar en lo que mantenía despierto al otro por las noches. Me encanta cuando Sergio le contesta, a propósito de su comentario de no haber superado el duelo de su hijo: "No sé lo que es el duelo, Antonio, no tengo ni idea ni quiero saberlo. No aspiro a superar nada, este dolor es mío y me gusta. Lucharé contra quiera quitármelo". Estas frases me ponen los pelos de punta: qué preciosidad.

A mí, hoy en día, me parece extraño que se dedicara a psicoanalizar a una alumna -aunque nos contó que tenía una licenciatura en psicología y había sido psicólogo industrial (de empresa). Del Molino nos cuenta una cena, tras la presentación de su libro, en la que él mismo le dijo que "el psicoanálisis había sido más que superado, que era puro chamanismo" y Aramayona se ofendió. Dice Sergio muy acertadamente que solo las cosas sobre las que no estamos muy seguros pueden llegar a ofendernos, y me tranquilizaría pensar en Aramayona dudando de esta pseudociencia, de ahí esa defensividad. La verdad es que no recuerdo conversaciones con él sobre este tema, y en todo caso en aquella época yo era estudiante y, aunque había leído a Freud, aún no existía salvo en sus paniales la Medicina Basada en la Evidencia, así que la conversación habría sido muy otra.

Perder el contacto
Cuando nos vinimos a Reino Unido aún no existía el email como algo generalizado, y supongo que nos manteníamos en contacto con él por teléfono cuando volvíamos a Vetusta de vacaciones. No recuerdo mucho más de esos años, sí que se separó de su segunda mujer, y de que una vez nos llamó porque su hijo planeaba venir a Inglaterra. Poco a poco fuimos perdiendo el contacto, aunque sí que más adelante tuvimos su email.

Pasó el tiempo y le hice un google, y allí encontré su blog y también los escraches que le hacía a la consejera de educación de Vetusta, plantándose ante su puerta todos los días durante 2 años para pedir una educación laica y gratuita. Pensé en escribirle, y por alguna razón no lo hice. Por eso me han dado ganas de abrazar a Sergio cuando cuenta cómo siente que "le falló" cuando no publicó algo que le pidió en contra de los neonazis (una de sus luchas de la época, parece ser que Vetusta fue skinhead-central).

No sé porqué, pero no le escribí, ni le llamé, y tal vez fue exactamente por lo que cuenta Del Molino: se había convertido en una estrella (en un "santo laico, al que la gente mostraba su devoción"), y tal vez me daba miedo no encontrarme con Aramayona, el de la distancia corta. Sergio lo dice mucho mejor que yo:

"Me gustaba donde me podía dar ejemplo y donde no quería darnos ejemplo. Donde se dan los abrazos y no caben los aplausos"

"Finalizar"
No sabía que otra de sus luchas como activista había sido por el derecho a morir dignamente. Cuando le conocimos tenía la pierna amputada, pero aún se manejaba con una muleta. Cuando tomó la decisión de "finalizar", como lo llamaba él, ya tomaba 31 pastillas diarias, por graves problemas de salud, y tenía que ir en una silla motorizada.

No sé si el Aramayona que nosotros conocimos, o el nuevo, el superestrella, planeó su muerte como parte de su lucha. En cierto modo recuerda a la película "La vida de David Gale" de Alan Parker de 2003, donde se fuerza el que un inocente sea ejecutado, para demostrar las maldades de la pena de muerte. Pues Aramayona quiere demostrar que una vida vivida sin quererla, no merece la pena ser vivida. En su caso debido a sus enfermedades, una vida dependiente no es vida y prefiere terminar cuando aún no está en esa situación.

Para llamar la atención sobre el tema, Aramayona fue el protagonista de uno de los documentales de la serie "Tabú" de Jon Sistiaga sobre la muerte. Yo no había podido verlo en Londinium, y por fin lo vimos estas pasadas vacaciones de Navidad, mientras estaba leyendo "La mirada de los peces". Un tour de force.

En el docu, Aramayona cuenta lo que le ha llevado a tomar esa decisión, habla con mucha gente, cena con una selección de ex-alumnos (Sergio está presente, y es impresionante, tanto leer esa noche, como verlo en el docu), se muestra su vida con las terribles practicalidades del día a día, la oscuridad del pasillo y del salón, que no recuerdo así en absoluto, tan triste, tan solo, tan vacío. Lo recuerdo con luz, y con libros, y con risas, y con ideas, y a ratos me enfurruño con él, porque, tío, te entiendo, pero tenías tanto en esa cabeza que compartir... pero a la vez, quien soy yo para juzgarte, Aramayona.

Somos lo que nos contamos
Como decía Harari, las historias que nos contamos han movido y mueven el mundo. Del Molino habla de nuestras vidas como "un amontonamiento de sucesos, que solo se explican por el azar, y que somos nosotros, animales narrativos, quienes le damos forma y significado". Quiso el profe de filosofía dar una clase literatura con su muerte? se plantea el autor: "Si Antonio se mostraba y se dejaba narrar, como yo me narro y me dejo narrar, era para no tener que narrar lo que no quería dejar al aire". Era demasiado coherente, pero ojalá hubiera sido más humano, porque eso va la humanidad, de fallar a veces.

El libro me ha encantado, y no he dicho lo suficiente lo bien escrito que está. Y este es, seguro, el divague/recensión de libro más personal que yo nunca haya escrito. Por supuesto por Aramayona, pero también porque la vida de Sergio, o más bien, su manera de ver la vida, me son tan familiares, que leerlo ha sido como estar hablando con un antiguo amigo por horas, toda la noche. Ese amigo de instituto que nunca tuve pero... para qué están los libros si no para suplir todas aquella vidas no vividas en primera persona. Gracias Sergio.

4 de enero de 2018

"Cáscara de nuez" de Ian McEwan: Gracias, pero ya tengo suficiente Shakespeare en mi vida laboral

17 divagues
Empecé la última novela de Ian McEwan "Nutshell" ("Cáscara de nuez") en el metro hacia el tren hacia el aeropuerto hacia Vetusta, para vacaciones de Navidad. Venía yo de una semana que se podría calificar de shakesperiana en el trabajo (puniales, traiciones, sangre) si no fuera porque los personajes, mickymouses del sur del Támesis en 2017 no le llegan a Macbeth o a Claudius o a Iago a la punta de la bota. Así que no sé si estaba yo muy por leer Hamlet en estos momentos de mi vida. Aunque el epígrafe de "Nutshell" no es que oculte nada:

"Oh God, I could be bounded in a nutshell and count myself a king of infinite space-were it not that I have had bad dreams".

No solo la frase es de Hamlet: es que la novela es Hamlet. Como siempre, no desvelaré nada con el divague; claro que el que no sepa que la madre y el tío están planeando la muerte del padre con veneno, que no lea este párrafo. Pero el hijo y sobrino de quién? Quién es el trasunto Príncipe Hamlet en "Nutshell"?

Un feto: la novela está escrita desde el punto de vista de un narrador omnisciente que no sé si se ha usado antes en la literatura, un feto en el último trimestre de gestación. Pero McEwan no va a usar el feto para plantear ningún tema de rabiosa actualidad como la gestación surrogada, embarazos producto de violación, selección de embriones, bebés de disenio. No: a él se le ha ocurrido esta original idea y simplemnte se dedica a poner los esquemas mentales de un senior de 70 anios, clase media y de cierta ideología, en boca de un feto. Evidentemente, la "suspensión de incredulidad" ("Suspension of disbelief") tiene que ser aquí esfuerzo de dimensiones épicas... pero como es McEwan le compramos pulpo como animal de compania y seguimos adelante. 

Porque McEwan escribe con la maestría de siempre, y dice cosas como "sus visitas no terminan, sino que se difuminan". Siendo un feto el que habla, le dedica algún párrafo al concepto de la conciencia: a qué nos referimos, en qué consiste? "Algunos dicen que el dolor comenzó la conciencia". Para evitar danios serios, las criaturas necesitan desarrollar el sistema de feedback de una experiencia sentida. Algo que duele. La adversidad nos forzó a darnos cuenta de las cosas, y esas sensaciones que sentimos (nos quemamos cerca del fuego, nos duele la piedra sobre el dedo) son el principio de la invención de uno mismo. Del dolor a otras sensaciones (asco, vértido etc) solo hubo un paso. "Dios dijo "que haya dolor". Y hubo poesia. Al final".

Una maravilla. Como lo es cuando habla del amor. Aquel que ya no existe, que ha desaparecido, pero aquí es el padre de nuestro Hamlet-feto partcular quien hace un monólogo sobre el amor perdido. Casi siempre, cuando el amor muere, solemos olvidar los buenos tiempos, y solo queda el barro como recuerdo. La primera víctima del amor roto es la memoria: "el espectro de la vieja felicidad en el festín del fracaso y la desolación"

"I tumbled into love, into ecstasy and trust, joy and peace without horizon, without time, beyond words (...) We were heroic, we believed we stood on a summit no one else, not in life, not in all poetry, had ever climbed".

Se le nota preocupado por Europa a McEwan: le duele Europa. Tanto su desintegración por nacionalismos miopes y pequenios-como todos los nacionalismos por otra parte-"Europa’s secular dream of union may dissolve before the old hatreds, small-scale nationalism, financial disaster, discord. Or she might hold her course", como por el gran dilema de Europa hoy, los refugiados: "A combination, poverty and war, with climate change held in reserve, driving millions from their homes, an ancient epic in new form, vast movements of people, like engorged rivers in spring, Danubes, Rhines and Rhones of angry or desolate or hopeful people, crammed at borders against the razor-wire gates, drowning in thousands to share in the fortunes of the West. If this is biblical, the seas are not parting for them, no the Aegean, not the English Channel. Old Europa tosses in her dreams, she pitches between pity and fear, between helping and repelling. emotional and kind this week, scaly-hearted and so reasonable the next, she wants to help but not to share or lose what she has".

McEwan resume en tres páginas brillantemente el estado del mundo actual (lo pongo al final, de apéndice), a la vez que reconoce que, como hoy, no se ha vivido nunca en el planeta tierra. 

Todo esto lo hace vía este feto tan listo que lo escucha todo y todo lo asimila, máxime porque su madre, como la que escribe estas líneas, es una adicta a los podcasts y está siempre escuchando la radio. Pienso en conversaciones con amigos estas navidades en las que la gente normal dice que a menudo les gusta el silencio, pensar ellos solos, reflexionar. Yo pienso escribiendo y mientras me muevo o lleno el lavaplatos estoy escuchando podcasts: de actualidad, de cine, de literatura, de feminismo, de ciencia. Todo mucho más interesante que lo que tengo en mi cabeza. Pero divago.

En conclusión, que tras leer los párrafos que he insertado, o cuando se lea el apéndice, el divagante pensará que McEwan está en perfecta forma, y que hay que lanzarse a la lectura de "Nutshell". Y eso que no he contado las impresionantes descripciones quasi-dignas-de-ginecóloga sobre el ambiente fetal, los ruidos, y localizaciones (algunas tirando a "demasiada información", como lo que debe ser tener una polla embistiendo cerca de tu cara). Sin embargo, para mí no ha estado "Nutshell" cerca de su reciente "The Children's Act", y me ha sonado más bien como un ejercicio de virtuosismo que se ha permitido por ser vos quien sois. Al principio engancha, hay que recornocer que hay cierto sentido del humor (desesperadamente clase media, por eso) y mientras que reconoces los homenajes bárdicos, puedes mantener el interés. El mío, al final lo perdió. 

Pero como digo: igual no era mi momento. Mi empacho de drama shakesperiano laboral (oh no, el lunes he de volver!) era tal al principio de las vacaciones (cuando me terminaba de sacar el punial entre los omóplatos) que igual no le he hecho justicia. Lo que sé es que las vacaciones me han servido para que todos esos personajillos, conspiradores de tres al cuarto, diletantes de media tarde, traidores de medio pelo se difuminen hasta casi irse. Para qué, si no, sirven unas vacaciones?




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Apéndice (pgs 25-27): Nuestro mundo visto por McEwan 

“The lecturer took a dim view of our species, of which psychopaths are a constant fraction, a human constant. Armed struggle, just or not, attracts them. They help to tip local struggles into bigger conflicts. Europe, according to her, in existential crisis, fractious and weak as varieties of self-loving nationalism sip that same tasty brew. Confusion about values, the bacillus of Antisemitism incubating, immigration populations languishing, angry and bored. Elsewhere, everywhere, novel inequalities of wealth, the super rich a master race apart. Ingenuity deployed by states for new forms of brilliant weaponry, by global corporations to dodge taxes, by righteous banks to stuff themselves with Christmas millions. China, too big to need friends or counsel, cynically probing its neighbours’ shores, building islands of tropical sand, planning for the war it knows must come. Muslim-majority countries plagued by religious puritanism, by sexual sickness, by smothered invention. The Middle East, fast-breeder for a possible world war. And foe-of-convenience, the United States, barely the hope of the world, guilty of torture, helpless before its sacred text conceived in an age of powdered wigs, a constitution as unchallengeable as the Koran. Its nervous population obese, fearful, tormented by inarticulate anger, contemptuous of governance, murdering sleep with every new handgun. Africa yet to learn democracy’s party trick — the peaceful transfer of power. Its children dying, thousands by the week, for want of easy things — clean water, mosquito nets, cheap drugs. Uniting and levelling all humanity, the dull old facts of altered climate, vanishing forests, creatures and polar ice. Profitable and poisonous agriculture obliterating biological beauty. 

Oceans turning to weak acid. Well above the horizon, approaching fast, the urinous tsunami of the burgeoning old, cancerous and demented, demanding care. And soon, with demographic transition, the reverse, populations in catastrophic decline. Free speech no longer free, liberal democracy no longer the obvious port of destiny, robots stealing jobs, liberty in close combat with security, socialism in disgrace, capitalism corrupt, destructive and in disgrace, no alternatives in sight.

In conclusion, she said, these disasters are the work of our twin natures. Clever and infantile. We’ve built a world too complicated and dangerous for our quarrelsome natures to manage. In such hopelessness, the general vote will be for the supernatural. It’s dusk in the second Age of Reason. We were wonderful, but now we are doomed. (...)

Pessimism is too easy, even delicious, the badge and plume of intellectuals everywhere. It absolves the thinking classes of solutions. We excite ourselves with dark thoughts in plays, poems, novels, movies. And now in commentaries. Why trust this account when humanity has never been so rich, so healthy, so long-lived? When fewer die in wars and childbirth than every before — and more knowledge, more truth by way of science, was never so available to us all? When tender sympathies — for children, animals, alien religions, unknown, distant foreigners — swell daily? When hundreds of millions have been raised from wretched subsistence? When, in the West, even the middling poor recline in armchairs, charmed by music as they steer themselves down smooth highways at four times the speed of a galloping horse? When smallpox, polio, cholera, measles, high infant mortality, illiteracy, public executions and routine state torture have been banished from so many countries?


Not so long ago, all these curses were everywhere. When solar panels and wind farms and nuclear energy and inventions not yet known will deliver us from the sewage of carbon dioxide, and GM crops will save us from the ravages of chemical farming and the poorest from starvation? When the worldwide migration to the cities will return vast tracts of land to wilderness, will lower birth rates, and rescue women from ignorant village patriarchs? What of the commonplace miracles that would make a manual labourer the envy of Caesar Augustus: pain-free dentistry, electric light, instant contact with people we love, with the best music the world has known, with the cuisine of a dozen cultures? We’re bloated with privileges and delights, as well as complaints, and the rest who are not will be soon. As for the Russians, the same was said of Catholic Spain. We expected their armies on our beaches. Like most things, it didn’t happen. The matter was settled by some fireships and a useful storm that drove their fleet round the top of Scotland. We’ll always be troubled by how things are — that’s how it stands with the difficult gift of consciousness.”

25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad divagantes!

5 divagues

El otro día vi en Instagram este precioso árbol de Navidad, de una de las bibliotecas públicas de Nueva York, la de Tompkins Square (@tompkins_square_library). Qué mejor manera de felicitar loquesea a los divagantes? 

F  E  L  I  C  E  S    F  I  E  S  T  A  S


Addendum
El día de Navidad, de paseo con Nara al parque de la tirolina, me salió esta foto. Un amigo comentó en Instagram "no es esta la felicitación de navidad más triste de la historia?" 









17 de diciembre de 2017

100 anios de marketing sobre salud pública y la Navidad

25 divagues
He estado mirando un poco para atrás en el divlog-no como Oscar Wilde, que siempre llevaba su diario encima para tener algo fascinante que leer, sino para intentar entender mi evolución en esto de las Navidades. Como este blog empezó en Diciembre, hay bastantes divagues con el tema navideño. Mi conclusión-tras este descenso a los infiernos-es que cada anio me voy radicalizando más, y, aunque me gusta volver a las vetustas para ver a la familia y los amigos (y seguir los múltiples rituales de diversión vetústicos ya descritos aquí), lo del potlach navidenio, que en 2009 me limito a describir, ahora cada vez me toca más la moral. Cada vez menos soporto comprar por comprar, necesitar tener el último aparato, estar a la moda. Igual que Woody Allen veía "praderas con un semental" en aquella peli, yo lo que veo son vertederos y vertederos llenos de plástico. El anio pasado ya salí del armario y os presenté a Discrooge.

Lo de la comida es otro exceso: yo entiendo que es, parece ser, otro ritual "necesario", pero no puedo soportar ver tirarse la comida.Evidentemente, esto es por mi educación y afortunadamente en mi familia, todo pasa a tupers y se va comiendo, pero sé que mucha gente (por no hablar de supermercados) tiran comida sin ningún rubor. Casualmente, hoy he caído en una exposición virtual que os enlazo aquí sobre los 100 último anios de carteles de propaganda gubernamental sobre salud pública. No tiene desperdicio, para entender las actitudes en el contexto histórico en el que ocurrieron. 

Era dificil elegir, uno para colgaros pero al final, por lo de arriba, me he decidido por este. Eran consejos que se les daba a la gente durante la guerra mundial, cuando había racionamientos y se dejó de importar comida en la isla (donde el 70% era hasta entonces importada). El cartel es, de todas formas, rabiosamente actual. 

Comida
1. Cómprala con criterio
2. Cocínala con cuidado
3. Usa menos trigo y carne
4. Compra producto local
5. Sirve lo justo
6. Usa lo que quede

No la malgastes!


Me gustaría que lo incluyeran en cualquiera campania de Navidad de 2017!





12 de diciembre de 2017

La Dra S. en Canción de Navidad

13 divagues
La doctora S. mira por la ventana: el cielo está de nevar, que decía su madre: blanco y denso y pesado. De repente, el silencio que precede a la caída de los primeros copos. Vaya... fastidiada considera que, cuando dentro de muchas horas salga de la estúpida consulta vespertina (hasta las 9 de la noche aquí, sin estar de guardia, con eso de que "el cliente-ya no paciente-siempre tiene la razón), va a ser imposible encontrar un taxi, que el suelo resbalará, o bien se habrá convertido en un gran charco donde chapotear. Le viene una imagen de ella misma, con 6 anios y aquellas (que entonces consideraba) preciosas botas de agua saltando en uno de esos charcos que ahora la horrorizan. Aparta esa idea de un plumazo. 

Le da al botón que llamará al siguiente enfermo. Pase Sr Y, siéntese: cómo puedo ayudarle hoy? (de eso va su trabajo, de ayudar, se supone). Todo con su mejor sonrisa; con su mejor careta de sonrisa, quiere decir. Pero ella al menos no se autoengania al respecto, y se pregunta si el paciente lo intuye. En todo caso, no le importa un pepino. A ver, qué tiene, un ganglio en la mano? "Golpéelo con una biblia", que decían en la universidad, piensa. Ahora que la Seguridad Social se está jibarizando y lo que crece son organizaciones de diversas fes supliendo sus servicios, igual podría tener su predicamento. No se lo dice al Sr. Y, simplemente anota que la Seguridad Social no cubre el quitar los ganglios. Se siente. 

Vuelve a mirar por la ventana cuando se cierra la puerta. Hay gente arrastrando su árbol de Navidad. La doctora S. se suelta la coleta y mientras piensa por qué se afana toda esa gente. Un anio más, comprar un nuevo árbol, que deja toda la casa llena de agujas, ponerle bolas.... exactamente para qué? Otro anio más. Ella "cant be bothered" que dicen los ingleses. De dónde saca la gente la energía, la ilusión. Le da al botón, se vuelve a hacer la coleta y se pone la máscara.

Cómo puedo ayudarle? Y otro listado de dolores, bultos, picores, tristezas, ansiedades. Así un paciente tras otro, un día tras otro, un anio tras otro.

La doctora S. llega a su apartamento: es tardísimo, la nieve, en efecto, no ha cuajado, así que se ha mojado los pies, qué frío. Y no había taxis. El metro está de huelga y el autobus, lleno de chusma, ha sido una pesadilla. Abre el frigorífico y, literalmente, no hay nada: cuatro limones. Saca del congelador algo precocinado, eso que siempre prohíbe a sus pacientes, lo mete al micro, pip, pip, pip, y se echa en el sofá a esperar.

Mira por los ventanales desde su nueva posición, ahí están las imbéciles luces navideñas, que encima tienen este anio forma de ángel... de la guarda, dulce compania, no me desampares ni de noche ni... Plink, llama el horno, y a la vez brilla el teléfono. Oh es Laura, qué querrá.

Laura y la Dra S. no comparten nada, aparte de que sus apellidos comienzan por las mismas dos letras. Así se conocieron en la facultad: los ordenaban por apellidos en los exámenes, en las mesas de disección, en las prácticas alrededor de los microscopios. La Dra S. está ya aburrida de Laura, pero es una inercia lo suyo, o así lo siente ahora. Laura quiere hablar del último caso que ha agitado a la profesión: aquella pobre companiera trabajando bajo terrible presión un fin de semana sola en la planta de pediatría de ese hospital comarcal, a la que se le murió un ninio. Ha salido el juicio: homicidio. Irá a la cárcel. 

La Dra S. empieza a escuchar a Laura como en sordina: no puede ser. El horror, no ya como profesional, sino como persona, de que se te muera un paciente. El dolor. Pero además, no quedan contentos con borrarte del registro, con que tu vida laboral (muchas veces la única) para la que te formaste anio tras anio, termine. Además han de llamarte homicida, y mandarte a prisión. Oye, y qué haces estas fiestas? Vuelves a casa? Ya sabes que no me gustan las navidades y los días que tengo libres ya tengo un viaje al Caribe para olvidarme de que es época de paz y amor obligatorios. Suena mal? Estas son mis navidades presentes. 

Ya es de día... cree vagamente recordar una conversación la noche pasada, y en el suelo está el resto de los noodles de microondas. Una vez más, se ha vuelto a dormir en el sofá. El cielo está de nevar, que diría su madre, y las calles, un asco. Por lo menos han apagado al maldito angel de la guarda que consume tropecientos kws al minuto. Toda esa energía: en las bombillas, en la gente... de dónde la sacan, a qué agujero sin fondo va. 

Llega a la consulta y se pone la capa de superwoman. Nadie sospecharía la grieta que lleva dentro, un corte sagital que la atraviesa y es puro ácido. A media maniana va a la cocina a hacerse un té: se sienta tras el biombo, no que se esconda, pero no le apetece hablar si entra cualquiera. Se esconde: no decía que no se enganiaba? Enseguida se abre la puerta, y dos voces de chicas jóvenes llenan la habitación. Son las estudiantes de medicina que rotan por la consulta, la Dra S. las reconoce, pero sigue en su escondite. Una de ellas lleva rastas y tatuajes, muchos colgantes y su entusiasmo desarma. Ahora, le dice a su companiera que es hija única de una madre soltera. Que creció en un piso de la beneficencia y que su madre limpiaba casas. Y que cuando supo que entraba en la facultad de Medicina, su madre lloró. Las dos se abrazaron llorando, era mucho más de lo que su madre nunca se atrevió a soniar. 

La Dra S. siente algo parecido a una emoción, algo que no había tenido en mucho tiempo. La otra chica está diciendo: "yo cuando estuve haciendo voluntariado en la planta de geriatría, y aquella mujer apretó mi mano, tan fuerte, como agradeciéndome que estuviera allí, supe que quería estudiar medicina". A la Dra S. se le cae una lágrima, silenciosa, gorda, y le sigue otra. Y entonces se ve a sí misma: exactamente esa era ella, quería ayudar, quería curar, quería paliar, quería salvar! Tenía más ganas que un batallón junto, más fuerza que doce caballos salvajes. Así era ella en cualquiera de las Navidades pasadas: qué dulce y a la vez qué amargo su fantasma.

Le ha tocado ventana en este vuelo hacia el sol, la playa, y la nada-mental. La azafata sonriente le ofrece una bebida (llevará también una máscara, como ella, se pregunta). Desconectar una semana meramente, porque nunca ha creído en eso de "encontrarse a una misma". Si tuviera arrestos, lo que toca es una huida, pero hacia adelante, como aquellas mitológicas Thelma y Louise. Sube la ventanilla para ver anochecer y se da cuenta que solo algo así podrá hacer que merezca la pena vivir para sus navidades futuras. 

9 de diciembre de 2017

OCHO de Diciembre, OCHO ANIOS!!!

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Queridos Divagantes: Muchas gracias por estar ahí siempre, o de vez en cuando, o cuando podéis o cuando sea...


Gracias especiales al artista del alambre LUX, que, aunque no necesitamos una de esas guías que "explican" el cuadro (véase la Tate Modern con gente como Hirst), él nos ha contado su proceso de creación contra reloj así:

Son 8 años divagando, eso está claro, pero, gráficamente, ¿qué es divagar? No lo sé, no lo sé… Pero me concentro y veo una madeja de la que, si se tira del hilo (que sería, digamos, el hilo de la conversación que las entradas de Di nos sugieren) salen pensamientos de la maraña que, al menos a mí, me iluminan. Así lo “veo” yo. Bien, dejo ya de divagar: dibujaré una madeja de hilo; de hilo verde fosforito; sí, sí, eso, verde fosforito.

6 de diciembre de 2017

Hic sunt dracones

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De Kattigara - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=18332738

Me fascina el mapamundi de Hunt-Lenox de 1503.   

Por todo, porque me encantan los mapas antiguos:  tengo uno que me traje de Itaka del "mundo en la época de Homero" colgado en el salón de casa, maravilloso.

Pero es que en este hay una zona misteriosa donde anotan: "Aquí hay dragones".

Puede ser un símbolo de una parte mi vida los últimos meses. 

Hay dragones por todos los sitios; no están localizados como en el mapa. 

En la proa del barco, paralela al mascarón- mujer de armas tomar- voy yo, con una espada solo escucho olas. 

El viento me corta la cara, me duelen los labios, estoy agotada.

Pero no puedo bajar la guardia, porque aquí hay dragones.