17 de noviembre de 2017

Adios Malta. Hola Barrikada (Malta 12)

2 divagues
Miércoles, 25 de Octubre de 2017: Victoria, ferry, Marfa peninsula, Sliema


Por fin, divagantes: se acaba la serie! Porque este es el penúltimo, pero realmente el último día en Gozo, y en Malta. 

Por la mañana, tras el desayuno toca empacar... subimos a la piscina donde sigue haciendo viento, pero donde se está en el cielo... recuerdo las mañanas en las que me he subido a leer un poco "Alias Grace" de Margaret Atwood (que ya he terminado mientras escribo esto y divagaré en breve). Anoche también subí a hacer fotos... siempre me parece mágico subir a las azoteas de noche, aunque sea a tender la ropa. O de día

Nos daba tanta pena dejar Victoria, que antes de salir para el ferry nos dimos una última vuelta, con la excusa de que Mini echara una postal al Náufrago Ro. Aquí hay una pequeña muestra, con monja incluida. Y grupo de locales "a la fresca" (o es "la fresca" solo por las noches?).









Locales a la fresca

Hay que salir de Gozo, y cuando llegamos al ferry, se acaba de ir. Pagamos (recordamos que aquí se paga a la salida, viene a ser un "el que entra, no sale... sin pagar", y esperamos, esta vez los primeros de la fila, mientras poco a poco camiones, coches, camionetas, motos, se van alineando para el siguiente ferry, en 45 minutos que se pasan volando.  

En Malta vamos a dormir la última noche, porque mañana volamos a una hora intempestiva, pero antes de ir al hotel, decidimos hacer la península de Marfa, a la izquierda según sales del ferry, y a la que la Lonely Planet le dedicó cierta importancia. Nota: sí, hemos viajado con la Lonely porque la Rough no tenía este país-ya sabrá el divagante que no soy nada de Lonely, y la visita a la península esta me lo confirma: nada de interés, o sera que estamos ya, tras diez días de azules, en estado "meh". Lo que más me gusta de Marfa es un bar de viejos muy auténtico en uno de sus "dientes de peine" (Marfa es como un peine, por si las dudas). Allí paramos para tomar un cola-cao, un café, y yo hacer fotos sin desperdicio. La terraza -ahora vacía- y los juegos de sombra de las cañas, impagable. 







Nuestro hotel está en Sliema, un barrio al norte de Valetta: el Peda asegura que no pudo encontrar nada mejor cerca del aeropuerto. Claro que aquí, si no te pierdes en sus múltiples escalestrixcs, todo esta cerca. Esto... sí, nos cuesta horrores encontrar el hotel, vamos a uno que no es y, por fin, damos con el nuestro. Como diría nuestro amigo Wolf: "un sad affair". pero bueno, solo vamos a dormir, y salimos pitando tras dejar las maletas. Sliema es una península perfecta, como un tentáculo que le sale a la tierra firme, y comenzamos el paseo por su lado sur, cuando cae la tarde y tenemos enfrente toda Valetta y olas de impresión. Así, cualquiera hace fotos...















Cuando llegamos a la cara norte del tentáculo ya es noche cerrada. Hay algunos chiringuitos de playa que han tenido que cerrar su planta baja por las olas...  mucha gente por la calle pero no encontramos un sitio decente para tomar algo. Volvemos hacia la zona del hotel y esta foto la hice pensando en los divagantes, pero he de admitir un pequeño recorte: su verdadero nombre era "Pub Lady Di". Pero creo que nos podemos hacer con él, tan mono, hasta con lucecitas navideñas. 




Y ya hay poco más que contar, que por fin encontramos cerca de casa el lugar donde tomarnos algo, un sitio moderno con todo abierto a la calle cuyo atractivo parecen los rollos de canela y zumos, lleno de parejas de novios a la antigua mirándose mientras se comen sus rollos individuales (para qué se tiene novio, sino para compartir esas cosas?) Nosotros desentonamos allí un rato leyendo... todo para retrasar la vuelta al tugurio, cuyo mayor problema es la iluminación: en serio cuesta tanto poner luces laterales en lugar de ese plafón ahí arriba?  

A las 4 am o así suena el despertador y como autómatas buscamos el coche por las calles de Sliema, rezando para no perdernos hoy, que hay un vuelo que coger. Por supuesto, nos perdemos, pero solo una vez y ligeramente, así que, en conclusión, logramos embarcar un vuelo Valetta-Madrid donde hay muchos españoles-nunca imaginé que finales de octubre este sería un destino vacacional para otro grupo que para los ingleses con el estúpido "half-term" escolar. 

En Madrid son las 10:30 de la mañana cuando aterrizamos: tres zombies recorren la terminal, y viajan en el metro hacia Atocha. Todo parece hoy un sueño. Por fin el AVE parte para Vetusta, donde se va a juntar toda la familia este finde para celebrar el cumple de Fashion. Miro por la ventana y me despierto de repente: estamos en los mundiales? Qué son todas esas banderas colgadas en los balcones? Ah, ya, qué pereza... Inevitablemente Barricada se mete en mi cabeza, y no me deja en todos los días que permanezco en la península...

Ninguna bandera me pone carne de gallina 

ninguna bandera me pone depie 


16 de noviembre de 2017

Muchas gracias, desconocida o desconocido.

9 divagues
No sabes quién soy, ni donde vivo, ni nunca leerás este blog. Lo primero porque está en castellano y probablemente no sea un idioma que hablas si eres inglesa o inglés (no soléis dominar otros idiomas), claro que también podrías ser latinoamericana/o, ya que bastantes en Londinium, o de la península aquella de allá abajo. No lo sé.

Pero me encantaría que lo hicieras, porque ayer iluminaste uno de esos días horribles, y fuiste la razón por la que creí durante un rato en el género humano. Ayer fuiste mi Amelie, mi Spiderman, mi supergirl, mi heroína o héroe particular.  Yo no sabré nunca nada de ti, pero aquí puedo contarte que... 

...ayer, durante el día, lloré en el trabajo. De impotencia, y pena, y rabia, de constatar, una vez más, que el mundo, tal como lo conocíamos, se está acabando; que esto se transforma cada vez más, insidiosamente o a veces no, en una jungla; que cosas que creíamos derechos y básicas se acaban, y se empiezan a acabar primero para los más vulnerables de la sociedad. Con los que (aún) tengo la suerte de trabajar. 

Te puedo decir que ayer me fui del trabajo un poco antes, a las 16:15 -la noche ya era boca de lobo-porque tenía que ir al médico, una visita corta. Antes pasé por Sainsbury's, el supermercado, donde puedes dejar el coche pagando una libra por una hora. Fui a poner la moneda en la máquina, menos mal que tenía suelto en la cartera porque la última vez tuve que ir a hacer cambios. 

Te puedo hablar del artículo en el que pensé mientras esperaba en el centro de salud, porque lo había escrito precisamente una médica de familia. En él contaba cómo tenían un limpiador -que no lo hacía demasiado bien, siempre ensimismado- empleado vía una compañía que se quedaba con 2/3 de lo que el centro pagaba, con el que un día tuvo uno conversación: era refugiado de un país con una guerra terrible, su familia había muerto, en fin, los dramas de estos casos con los que convivimos. Unas semanas después, haciendo una auditoría del centro, se dieron cuenta de que la alarma no se activaba por las noches, durante un anio. Y entonces fue cuando, en el cuarto de las escobas, descubrieron una bolsita con ropa interior, una guilette, y una pastilla de jabón: el hombre vivía allí, sin nadie saberlo. Se me partió el corazón.

Te puedo describir la llovizna al salir del médico, y que había mucha gente, y yo solo quería llegar a casa porque no me había encontrado nada bien durante el día; igual estaba somatizando. Los vendedores del "Big Issue" en la puerta de Sainsburys, el mendigo con su perro, tres adolescentes hablando muy alto, gente andando muy rápido, un senior con rastas esperando el autobus.  Cogí la cesta del super y me puse a hacer un poco de compra: fresas, yogur, porridge, weetabix, ciruelas, mandarinas. 

Te puedo contar que, cuando acabé, decidí ir a pagar a una caja con una seniora mayor, en lugar de las de auto-servicio. Odio el "elemento no identificado en la zona de empacar" que dice la voz, y tienes que pedir ayuda. Te pasa a ti también? Así que puse mi pequenia compra sobre la cinta y cuando fui a sacar la cartera, no estaba. Enseguida quité todo de la cinta y le dije a la seniora, literalmente: "oh, no tengo la cartera, se ha debido quedar en el coche, ahora vengo". Dejé la cesta en un lado para que pasara el siguiente y volví al coche. 

Te puedo asegurar que iba diciéndome, "bueno, así cogeré la bolsa grande naranja", que llevo siempre detrás por si acaso. Pero al llegar el coche, oh, la cartera no está. Pero sé que estaba cuando he llegado a este aparcamiento, porque he sacado la libra para ponerla en la máquina. Miro, y remiro: es los laterales de los asientos, donde se me quedó el móvil el otro día y solo lo encontró Mini. No está. Ni rastro. 

Te puedes imaginar los nervios, que volví al médico, porque había sacado el libro gordo que leo, igual saqué la cartera, pero en el sitio que estaba sentada no había nada, ni nadie había entregado nada en recepción. Mientras caminaba de vuelta el trocito de calle del médico a Sainsburys, cada vez llovía más, y llamé al Peda, mi partner, para contárselo. Me puse a llorar. Le dije que tendríamos que empezar a cancelar tarjetas. Llevaba dos. Mientras caminaba hacia el coche pensaba en todo lo demás que en esa cartera: una foto de Mini, mi hija, escolar en parvulitos, varias de carnet de la gente que más quiero, un mapa de metro, la tarjeta de Boots, de Sainsburys, de John Lewis, de Costa, los puntos por cada té que me he tomado en Nero (cuanto tienes 10 te dan uno gratis, como sabrás), una oyster de recambio (porque a veces me he olvidado la mía, o la he perdido-soy un desastre así), sellos de correos, el carnet de conducir, la tarjeta de la biblioteca de Mini y la mía, dinero (no mucho), cupones (sí, soy como esas senioras que usan cupones descuento en los supermercados o en Boots, 3 por 2 en desmaquillante de ojos). Y pensaba en la cartera misma, que me había regalado Fashion, mi hermana, y me encanta: es la que llevaría el padre de Indiana Jones, de piel marrón, que se abre girando una manivela, y con sus secciones, y una cremallera detrás para las monedas. 

Te puedes hacer una idea de mi obsesividad porque, de vuelta al coche, miré debajo, miré otra vez dentro, y otra vez abajo. Y por fin, me desesperé. No es posible, no puede estar pasando. Eché marcha atrás, ya llovía decididamente, y entonces, una luz, espera: y si voy a Atención al  Cliente? Aunque no me entraba en la cabeza que lo hubiera perdido allí.

Te puedes imaginar la cara con la que en Atención al Cliente, pregunté si alguien, por algún casual, por alguna remota coincidencia del destino, les había llevado una cartera. La seniora me miró, muy seria, y miró a los lados-claramente todo Atención al Cliente estaba al tanto-, como diciendo "aquí está, la cabeza de chorlito" (si semejante concepto existiera en inglés-goldfish, probablemente es lo más cercano). "Quizás", dijo, "cómo te llamas": "Di Vagando", dije, empezando a ver una lucecita al final del túnel... "Y tu designación?", y se la di, e incluso le ensenié mi identificación del trabajo que me había olvidado quitar del cuello, y entonces, intentando disimular una sonrisa dijo: "aquí está". 

Te puedo contar la alegría inmensa, y cómo hubiera abrazado a aquella mujer, si no hubiera tenido un mostrador delante, y las ganas que tuve de abrazarte a ti, querid@ desconocid@. Y se lo dije a todo ellos, la persona maravillosa que eras, y que me habías salvado. Todos sonrieron y yo firmé algo, y me fui, flotando. 

Te puedes creer que aún estaba ahí mi cesta con las fresas y la seniora ya estaba cerrando su caja, pero le conté la historia, y que por eso había tardado tanto, y ella se alegró mucho, y yo por fin, pagué y me fui. Al aparcar, ya al lado de casa, sonó el teléfono: era una amiga y colega con la que hablamos de los problemas a los que nos enfrentamos que me habían hecho llorar por la maniana. Estamos todos igual, pero eso no consuela. Cuando colgué el teléfono, me quedé unos minutos en el coche, con las manos en el volante, escuchando la lluvia, intentando procesarlo todo. Y pensando en ti, en quién serías, si una amable ancianita, o un tío con rastas, o una adolescente colombiana, o una mujer que trabaja en la tele, o un padre con sus gemelos, o un refugiado africano. 

Y puedo terminar contándote que llegué a casa, y de repente empecé a temblar. En media hora me subió la fiebre y me puse en 38.5. Me fui a la cama con un par de paracetamoles y seguía pensando en ti, en cómo te daría las gracias. Y así fue como, en medio del delirio febril, nació este divague. Porque en un día como el de ayer necesitaba principalmente, la idea de que existe gente como tú. 


13 de noviembre de 2017

El misterio de la Ventana Azul: hay algún hombre que conceda preguntar? (Malta 11)

14 divagues
Martes, 23 de Octubre de 2017




Quiero que miréis esta foto, que tristemente no es mía. Podéis incluso ampliarla, para alucinar (sé que hemos hablado hasta la saciedad de azules, pero es que la combinación de mar y piedra caliza es bestial). Igual ya conocéis visto este enclave, incluso aunque- como yo- no hayáis visto "Juego de tronos". 

Lo que veis en la foto es la mayor atracción de la bahía de Dwejra: "the Azure Window" ("la ventana azul"), ese arco de piedra perfecto al fondo, y en primer plano "the blue hole" ("el agujero azul"que es precisamente lo que su nombre indica: una chimenea marina que es... azul. Se trata de una "cueva vertical" como excavada en la roca caliza de unos 10 ms de diámetro y 25 de profundidad, que conecta con el mar abierto por un arco unos 8 ms para abajo. Como se puede ver, el azul oscuro de las profundidades contrasta con el claro de la superficie, logrando este espectáculo.

Pero no os voy a poder colgar ninguna foto mía que se pueda relacionar remotamente con esta, por varias razones: la primera, porque el día seguía ventoso, y el mar embravecido. La segunda porque...


~~~




Salimos del hotel, tras el desayuno (sandwiches de huevo frito con bacon en mi mochila de nuevo) con la intención de ir directamente a Dwejra, ya que ayer a última hora de la tarde aquello estaba de naufragio y cuadro de Turner. Ayer no comenté el fondo de este lugar, la sensación con la que te quedas, y tal vez se entienda algo con esta foto


El azul verdoso de la derecha es el "Inland Sea" (el mar interior), en cuya orilla hay unas medio chabolas-almacenes de pescadores muy auténticos, en las antípodas de la gentrificación (pienso en los italianos, ya habrían hecho cafés con encanto, con ladrillo expuesto, o los americanos, un parque temático). Un poco a la izquierda hay un restaurante y una tienda de regalos, ambos básicos, y más cerca del mar abierto una horrible ermita de reciente construcción. Hay un par de furgonetas que venden helados y, cómo no, un perdedor con su búho para que te hagas fotos (en serio? sí). Pero me gusta ese descampado medio desolado que, pese a ser una "atracción turística mundial", está todavía en sin "desarrollar" (y espero que siga así). El día ha salido soleado, pero como digo con mucho viento, así que cuando llegamos vuelve a ser el oleaje el principal objeto de observación turística. Evidentemente, el agujero azul es hoy un totumrevolutum de olas azul marino con crestas blancas, pero... la Ventana Azul? 

Hay unos carteles que prohíben pasar de un determinado punto de la montania, alegando razones de protección del ecosistema. Dónde está la ventana azul? El Peda sugiere que debe estar al otro lado, pero que como no se puede pasar, nos vamos a quedar sin ver (y hoy en día, lo más dramático, sin selfie) la famosa ventana azul. El Peda y yo tenemos una aproximación opuesta en estas situaciones: yo siempre quiero preguntar. No sé si es un tema de género, porque me vienen imágenes de un libro de esos de fotos que miras en la librería una tarde de invierno titulado "Porno para mujeres", en las que salen tíos diciendo cosas que presumiblemente les gustan a las mujeres. Con la que más me identifiqué fue con una, en el coche, en la que el hombre dice: "Perdona que te interrumpa un segundo, voy a parar a preguntar". 

No hay ningún punto de información ni nada, así que me voy directa a la ermita donde antes, cuando he entrado con Mini al llegar,  he visto a dos o tres chavales uniformados. Entro y con mi mayor sonrisa les pregunto: "ermm, esto, disculpe, dónde está la Ventana Azul?" El tipo me mira un segundo perplejo. No sé si le ha dado un ictus o que no habla mi idioma. Entonces logra balbucear:

"La Ventana Azul colapsó en Marzo"

Quéééé? Ya dicen que nos perdemos millones de bits de información durante el día, de cosas que no están relacionadas con nosotros, y que nos pasan por encima de la cabeza. Luego, a toro pasado, es fácil guglear y ver cómo Malta estuvo casi de luto el pasado 8 de Marzo cuando una tormenta tiró abajo el mítico arco. Qué clase de tormenta debió ser, madre mía? Qué pena que nadie estuviera allí para grabarlo. Parece ser que le habían dado "unos 6 anios de vida". A la erosión le costó siglos obviamente formarla, pero también dicen que se creó en el Siglo XIX tras el colapso de una cueva marina. Tenía 28 metros de altura y desde hacía tiempo estaba prohibido caminar sobre él, o acercarse, pero la gente lo seguía haciendo. Para empezar cierta marca de ropa que hizo un anuncio: si no fuera tan fantástico no lo colgaría, pero merece la pena...




Pero divago... tras este primer fracaso-o no-, nos dedicamos a explorar el resto de  "atracciones geológicas" que no han tenido a bien ir a su bola como la ventana esta. Pero es chulo y da pánico a la vez: hay tantas cosas contra las que no podemos luchar. Suena a tópico, pero la naturaleza, el planeta... no vale el "pero esto no puede estar pasando". Da igual: es caótico y sí, está pasando. 




Aquí estaba la Ventana Azul...












Subimos a la bahía de Dwejra , que tiene en el centro la Fungus Rock ("roca fungus"). Me vuelve a recordar a la Concha en Donosti, con la isla de Santa Clara en el centro, donde la gente va nadando-algunos se quedan en el gabarrón. Pero aquí estamos en el fin del mundo, la sensación es casi de soledad, pese a haber gente, y de disfrute de la naturaleza, de momento opá. Nos sentamos un rato y, como todo momento opá que se precie, hay que gritar- eufemísticamente llamémosle cantar. Hacemos turnos, y a mí un sitio así me sugiere Nino Bravo, que Mini desconoce. Una que sabemos todos: "cuén-ta-me, como te ha ido, si has conocido la felicidad"... 




La Fungus Rock

Antes de dejar este lugar, pasamos por la torre un día militar que hoy es museo y aprendemos más cosas, además de ver videos gente saltando de la Ventana. Por ejemplo, que la "Fungus Rock" acabó teniendo guardia para que nadie pudiera acceder por lo que crecía en ella. Parece ser que los Caballeros de la Orden de Malta descubrieron aquí una planta, que pensaron era un hongo, pero en realidad es un alga parásito de olor apestoso que crece en la parte superior de la isleta. Los médicos pensaron que tenía propiedades curativas (si apesta, aumenta su efecto placebo, seguro) y la usaron para heridas, para la disentería, para todo... ah, las panaceas! En mi casa teníamos el Agua del Carmen...

Dejamos aquel lugar y nos metemos en una carretera que va hacia el norte. AL poco paramos a hacer fotos porque las vistas son impresionantes: incluso localizamos una pequenia ventana que tal vez dentro de cinco siglos será como la ventana Azure (segunda foto, a la izquierda):




Futura Ventana Azul?

Seguimos avanzando, y ya dejamos atrás estos acantilados (imágenes de arriba), aunque seguimos teniendo otros a nuestra izquierda. Esta vez son como aquellos de aquel día que hoy se antoja hace meses en Malta: había una primera fase a unos metros, y luego el gran acantilado. Vemos que hay un coche blanco bastante por delante y seguimos, aunque en un punto el camino se empieza a hacer más estrecho y, de repente, no hay vuelta atrás. El coche que llevábamos 200 ms delante está junto a una especie de dintel, y entonces giran y desaparecen. El Peda dice que si ellos han pasado, con un coche mayor, está todo controlado. Yo echo de menos cuando simplemente raspamos el coche en aquel camino con dos paredes de piedras a los lados, con los seniores gritando "aya! aya!". La verdad es que no he pasado más miedo en mi vida, pero el Peda permanece totalmente en calma y por fin llegamos a aquel dintel, donde pone "propiedad privada" y giramos para encontrarnos con el coche blanco y un par más ahí aparcados. Bajo y le pregunto a un hombre que trabajaba en su campo y me dice que la única salida de allí es por donde hemos venido, que no se puede tirar campo atraviesa a ningún pueblo, y me quiero morir... otra vez pasar por el borde el acantilado? Sí. 



Fue horrible, y no tengo ninguna foto de las maravillosas vistas de lo petrificada que estaba. Por fin logramos meternos en una carretera normal para volver a uno de los puntos de ayer Wied il-Ghasri, donde hay salares, acantilados enloquecidos y euforia por estar vivos...



Mirad a esos dos en la esquinita...









Es la última noche en Gozo, así que volvemos a casa hacia el final de la tarde, llenos de salitre, polvo, pelo estropajo. Hay que empacar y, estoy de suerte: mis compas acceden a cenar en casa a base de pastizzios típicos, restos de yogur con granola y pavía, y medio litro de helado que compran en contra de mi voluntad...

11 de noviembre de 2017

El día que una ola se llevó tu sombrero querido, Mini (Malta 10)

6 divagues
Lunes, 22 de Octubre de 2017 : Norte de Gozo (Ramla Bay, Masalforn, salares, Wied il-Ghasri, Dwejra, Citadel)

Ayer estuvimos en el Lago Azul porque, según las predicciones, hoy iba a estar nublado. Sin embargo, sale un día precioso para las fotos, de sol y nubes, pero con muchísimo viento. En el desayuno me hago un sandwich con el huevo frito y la panceta porque no puedo resistir un día más salir dle hotel como si de una boda gallega. Hoy vamos a hacer el norte de Gozo en la dirección contraria a las agujas del reloj. 

Bahía de Ramla. Lo mío con las olas
Comenzamos en la bahía justo de al lado de la de San Blas -aquella empinadísima donde la noche anterior nos comimos una pizza- llamada Bahía de Ramla. La arena es casi roja, con el mar y la espuma de las olas de fondo. Bajamos del coche con el equipo de baño: ingenuos. El oleaje es bestial, no hay nadie en el agua- y esta foto no hace justicia. 








Hay olas tan enormes, no me cansarías de mirarlas. A mí esas olas me llevan a algunos sitios, unos buenos, otros peores. Cuando tenía 11 anios, literalmente se me llevó una ola, o mejor dicho un montón de olas gigantes, enfadadas, como si fuera un personaje de aquella maravillosa película de Miyazaki. Estaba en una playa del Mediterráneo con Tiovin, ambos en el agua, saltando olas: de repente, sin saber cómo, nos dimos cuenta que ese saltar se nos estaba yendo de las manos, y era el mar el que empezaba a controlar, no nosotros, justo cuando una olaza nos soltó de la mano. Tengo recuerdos muy claros, son flashbacks, imágenes como de proyección de diapositivas de un sádico, porque entonces el mar se me empezó a llevar para adentro, para adentro. Cada nueva ola era un "que pase, saldré a respirar", y venía una nueva. De repente, las rocas: tan solo 11 anios y pensar "esta ola furiosa me matará contra la roca". Pero de nada servía intentar alejarse, de nada servía nadar, de nada servía nada, simplemente asegurarte el respirar, cada vez que la ola te pasaba, salir y respirar. Y por fin decidir que te ibas a agarrar a la roca, porque no iba a haber otra. Así que fueron ellas contra mí, él contra mí: me tiraron, me tiró una vez, pero me quería más y se me llevó, mis piernas sufriendo los cortes que todo el que ha luchado contra una roca conoce. Y una segunda vez: cuando creía que me agarraba, de nuevo ellas, la solas, él, el mar enfurecido me reclamaba. Y creo que fue a la tercera, ahí estaba Tiofi (Tiovin estaba siendo rescatado en otra roca, esta plana), que me agarró más fuerte, y me sacó de aquella pesadilla que jamás olvidaré. Jamás. Me sigue encantando el agua, y el mar, aunque le tengo y siempre le tendré miedo para mí y terror cuando veo a Mini sin ningún temor (aún recuerdo un día en Donosti con sus primos en una barca). Pero crecí con una narrativa que decía "estuviste a punto de morir"... no sé que te hace eso a los 11 anios: si simplemente temerles a las olas, o tal vez valorar por primera vez la fragilidad, la vulnerabilidad de la vida. 

Masalforn. Recordando Donosti
Luego tengo memorias preciosas con olas en el Paseo Nuevo de Donosti con el Peda, cuando empezábamos a salir juntos y paseábamos por allí, especialmente un anio para San Miguel, en Septiembre, que hicimos el loco poniéndonos en la barandila y corriendo cuando venía la ola, así a pelo (había unos con plásticos, pero esos eran locales enterados). Acabamos teniendo que ir a casa a cambiarnos, encantados. Y esto es lo que tiene que experimentar ahora Mini, que insiste en ponerse cerca de la barandilla en Masalforn, con el mismo resultado que sus padres hace la tira de anios... 

Masalforn es el mayor "resort" turístico de Gozo. Ahora está empezando la temporada baja y tiene ese aire decadente de los pueblos de playa en invierno. Tiene una bahía muy agradable, y hoy las olas son, como digo, de impresión: por ahí se ve una escalerilla de esas de piscina que abundan en estas playas rocosas, totalmente inundada la zona donde la gente debe nadar en aguas tranquilas de las que se ve el fondo.




























Bahía de Xwieni:

Desde el principio de esta serie sobre Malta vengo diciendo que es un destino muy interesante para cualquier aficionado a la geología. Nuestro siguiente destino, la bahía de Xwieni no es una excepción: todo de roca caliza. En la primera foto se puede ver el pasillo que queda bajo esa formación, que había que aprovechar para pasar corriendo cuando las olas iban de retirada. Yo me voy hacia la otra zona, donde hay un montículo muy interesante, a hacer fotos. En un punto me quedo atrapada también por las olas (con la cámara!) pero mi intrépida agilidad no me impide autorescatarme. Para entonces Mini y el Peda, que estaban en el otro lado de la bahía han vuelto y Mini está llorando a lágrima viva. He perdido mi sombrero! He perdido mi sombrero! La ola se lo ha llevado! Pobre Mini, no puede parar de llorar. Le decimos de todo, tranquila, compraremos otro, igual lo encuentra otro ninio en otro lugar del mundo, los peces jugarán con él... Nada funciona, subimos al coche y Mini sigue llorando: "no será lo mismo, este había estado conmigo en Tokio y en Grecia!! no será lo mismo!!!". Cómo la entiendo: yo minimizo pero también soy una pesada del valor sentimental de ciertos objetos...




El salar:
Sigue la costa, y lo que encontramos son salares y salares que datan por lo visto de la época romana. Aún parece que "recogen sal" para uso local.







Wied il-Ghasri
Y un poco más al oeste del salar está este sitio, que según dice la guía es una "garganta" pero que con la marejada no discernimos. Eso, o nos equivocamos.




Bahía de Dwejra: 
La costa oeste de Gozo tiene una reputación de dramatismo que la han hecho localización de pelis y seriales. Se trata de acantilados no aptos para gente con vértigo, combinados con varias "atracciones geológicas" como la Fungus Rock ("roca fungus"),  el "the blue hole" ("el agujero azul") o el "Inland Sea" ("mar epicontinental "). La mayor atracción es, sin embargo, la "the Azure Window" ("la ventana azul"), de la que hablaremos maniana.  



Las fotos son como un cuadro de El Greco, no hay mucho que decir; simplemente sujetar bien la cámara porque el viento es atroz (he hablado del viento hoy?). 

Bahía de Dwejra


Fungus rock
El "Inland Sea" es una especie de lago interior unido al mar abierto por una cueva. Es de un color verdoso (por lo menos hoy) y en los días de mar calma, los pescadores llevan a la gente en sus barquitas a traves del túnel (de 100 metros) al mar. Dicen que ha sido usado por los pescadores durante siglos, y enfrente están los pequenios almacenes donde guardan las barquitas y sus instrumentos, me imagino. Hay una sensación de gran realidad, de algo que no ha sido tomado por el estilo que gusta a las clases medias, y que se ve tan falso. 

Inland sea
Almacenes de pescadores en el Inland Sea



Ciudadela en Victoria:
Atardecer en Victoria, volvemos a subir a la ciudadela. No hay nadie a estas horas, daría muy bien, como Mdina, para una peli de intriga. Quizás son demasiadas fotos, pero como son al final del divague, no hay porqué verlas todas. 

Salimos a cenar al mismo sitio tan agradable de la plaza de San Gorg (Grapes and Wine), pero esta vez vamos dentro porque ya refresca en la plaza. Pido pasta frutti di mare (tan buen recuerdo de Xlendi) y esta es aún mejor...