24 de junio de 2017

"The sellout" ("El vendido") de Paul Beatty: Por favor, sigue escribiendo con esa mala leche

17 divagues
"The sellout" fue un regalo de cumpleaños de un compañero de trabajo indio, que piensa que debo leer más literatura sobre el tema racial. El otro día obligué (le acabó gustando) a Mini a ver "Hidden Figures", sobre las matemáticas negras que trabajaban en la NASA en la época de la carrera espacial. Hace no mucho divagué sobre "Americanah" de Chimamanda Ngozi Adichie, o sobre lo (pen)último de Zadie Smith: en ambas autoras este suele ser uno de los grandes temas. Vale: me queda mucho aún, y así acepto el regalo, sin puntualizar a mi amigo que él aún no ha leído  "Pasaje a la India", una obra imprescindible si te interesa el tema racismo y colonización, y que tal vez me toque devolverle el regalo. "Pasaje a la India" lo leí embarazada de Mini, y tristemente, aún no había divlog-me gustaría leer el divague que seguro hice solo en mi cabeza-así que no lo puedo enlazar. 

Paul Beatty

"El vendido" es la quinta novela de Paul Beatty, un californiano que ha ganado el Man Booker Price 2016-el primer americano que lo hace. He leído que Malpaso la va a publicar en castellano un día de estos. La contratapa está llena de elogios a su sentido del humor cáustico, a su inteligencia, a lo arriesgado de su apuesta. Así empieza:



"This may be hard to believe, coming from a black man, but I've never stolen anything" ("Puede ser difícil de creer, viniendo de un negro, pero nunca he robado nada"). 

Se puede hacer el divagante una idea de por dónde va: y cáustico se queda corto. Beatty ha dicho que es un libro "difícil, y difícil de leer", y lo corroboro. Sobre todo al principio, cuando hay cierta confusión: el protagonista es arrestado y durante unas páginas intentas entender porqué a un negro acaba en la High Court por racismo. 

“Dumbfounded, I stood before the court, trying to figure out if there was a state of being between “guilty” and “innocent.” Why were those my only alternatives? I thought. Why couldn’t I be “neither” or “both”?” 


Resulta que ha intentado boicotear situaciones de la vida diaria: segrega un colegio de secundaria, pone el siguiente cartel en los autobuses urbanos: "Personas mayores, Incapacitadas y Gueros (blancos) tienen prioridad de asiento", o al final, de una manera accidental, tiene un esclavo, Homini, que pasa de hacer lo que le manda. 

El uso del inglés también exige atención, pero enseguida el esfuerzo se ve recompensado, para mí, con reflexiones interesantes, y frases para subrayar. 

"That’s the problem with history, we like to think it’s a book—that we can turn the page and move the fuck on. But history isn’t the paper it’s printed on. It’s memory, and memory is time, emotions, and song. History is the things that stay with you.”

“Silence can be either protest or consent, but most times it’s fear.”

"Two hundred kids quieted instantly and turned their attention deficit disorders towards me".


"The key to doing boring tasks is to think about not so much what you're doing but the importance of why you're doing it"


“The real question is not where do ideas come from but where do they go.” 


"All employees must wask their hands and their minds before returning to their lives"


"When it's your blood running through your fingers, the amount can only be described as "copious"


La novela ocurre en Los Angeles ("This whole city's a Freudian slip of the tongue, a concrete hard-on for America's deeds and misdeeds"), en concreto un barrio marginal llamado Dickens que yo imaginaba siempre como aquella excursión a las Watts Towers, donde me encontré con el tercer mundo. Si has paseado un domingo por la tarde por los suburbios de LA entiendes fácilmente lo que ha pasado con Dickens, y porqué el prota coge un bote de pintura blanco y se dedica a pintar un límite, para dejar claro que existe, y que resiste. A las inmobiliarias, a ser ignorada, a todo. Resistencia.

“If New York is the City That Never Sleeps, then Los Angeles is the City That’s Always Passed Out on the Couch.”

“LA is about space and here one’s self-worth comes from how one chooses to navigate that space.”


Desde su arr
esto, el prota mira para atrás y nos cuenta cómo ha terminado esposado y juzgado por racismo-un negro de un barrio marginal, no olvidemos. Comienza con su infancia y la enorme figura de su padre. Siempre tenemos la imagen del "padre negro ausente". Son las mujeres las que sacan adelante a un montón de niños, ellas solas. Pero en "The sellout", la ausente es la madre y el padre es todo un carácter, que de hecho tiene gran influencia en el protagonista. Es un científico social de cierto renombre, fundador y único practicante de la "Psicología de la Liberación", y todo estaba relacionado con su profesión: la casa era la "caja de Skinner", el prota fue educado por él en casa siguiendo la teoría del desarrollo cognitivo de Piaget, no se le daba de comer sino que se le "presentaban estímulos apetitosos", no se le castigaba, sino que se le aplicaban refuerzos negativos... y así todo.  

“I wasn’t fed; I was presented with lukewarm appetitive stimuli. I wasn’t punished, but broken of my unconditioned reflexes. I wasn’t loved, but brought up in an atmosphere of calculated intimacy and intense levels of commitment.” 


Sometimes I wish Darth Vader had been my father. I'd have been better off. I wouldn't have a right hand, but I definitely wouldn't have the burden of being black and constantly having to decide when and if I gave a shit about it. Plus, I'm left-handed.” 


"All the lines of ad infinitum bullshit my father shoveled down my throat, until his dreams became my dreams".


“My father had a theory that poor people are the best drivers because they can’t afford to carry car insurance and have to drive like they live, defensively.”


Hay muchas reflexiones psicológicas, a tenor del padre, y una de mis favoritas es esta. El famoso concepto de "closure" (cerrar algo negativo, una herida). Los negros nunca hablan de necesitar "closure", sino venganza, distancia, perdón, un buen abogado tal vez.

“Daddy never
believed in closure. He said it was a false psychological concept. Something invented by therapists to assuage white Western guilt. In all his years of study and practice, he’d never heard a patient of color talk of needing “closure.” They needed revenge. They needed distance. Forgiveness and a good lawyer maybe, but never closure. He said people mistake suicide, murder, lap band surgery, interracial marriage, and overtipping for closure, when in reality what they’ve achieved is erasure.” 


El padre había fundado "The Dum Dum Donut intelectuals" (Los intelectuales del Donut Dum Dum), un grupo que se reunía de vez en cuando en una cafetería de donuts ("any organisation that holds lectures about the dangers of diabetes in a donut shop, you can keep") para hablar de problemas raciales. Cuando hacían presentaciones usaban "Empowerpoint" (aún me estoy riendo con el juego de palabras, "empower" se traduce como empoderar), un software afroamericano. También me identifico con Beatty en lo largas que se le hacen las reuniones, ya que a veces le resulta difícil decir qué es más interminable, si el prejuicio y la discriminación, o las malditas reuniones. 

"One of the many sad ironies of African-American life is that every banal dysfunctional social gathering is called a “function. And black functions never start on time, so it's impossible to gauge how to arrive fashionably late without taking a chance of missing the veent altogether” 


En esas reuniones se habla fundamentalmente de la opresión racial, y en la novela, es obviamente el gran tema. Pero está contado con tal sentido del humor y auto-deprecación que es fácil empatizar y entender. Y, muy importante, querer pasar más tiempo con sus personajes, que no son todos necesariamente positivos por ser negros ("a snobby Negro who covered up his self-hatred with libertarianism""If you were a black male, then no one, including other black males sat next to you, unless they had to".) 

“I'm so fucking tired of black women always being described by their skin tones! Honey-colored this! Dark-chocolate that! My paternal grandmother was mocha-tinged, café-au-lait, graham-fucking-cracker brown! How come they never describe the white characters in relation to foodstuffs and hot liquids? Why aren't there any yogurt-colored, egg-shell-toned, string-cheese-skinned, low-fat-milk white protagonists in these racist, no-third-act-having books? That's why black literature sucks!” 

“It’s illegal to yell ‘Fire!’ in a crowded theater, right?” “It is.” “Well, I’ve whispered ‘Racism’ in a post-racial world.” 


"The vast majority of slave revolts took place on Wednesdays because traditionally Thursday was whippin' day"

"Felt like Asians being asked "No, where are you from originally? Like Latinos being asked for proof of reidency and big-chested women being asked "So are those real?""

“I understand now that the only time black people don't feel guilty is when we've actually done something wrong, because that relieves us of the cognitive dissonance of being black and innocent, and in a way the prospect of going to jail becomes a relief.” 

Beatty también reconoce que no todo es siempre necesariamente racismo ("You are far too smart not to know that it isnt race that's the problem but class") y la novela es también eminentemente social. El autor está enfadado (quién puede no estarlo?) por las injusticias que pasan no solo con los negros, sino con los pobres. Como dice, puedes darte cuenta de que las cosas están mal cuando ves a chicos blancos lavando coches y cuando las estrellas del porno están cada vez más buenas:

"Be it ancient Rome or modern day America, you're either citizen or slave".

"People too poor to afford cable and too stupid to know that they aren't missing anything"

"You stupid overmedicated bitch (...) I'm going to punch you in your anti-aging-cold-cream face and permanently reverse 500 years of white privilege and 500,000 dolars of plastic surgery".


"Things are getting worse. Because "poverty" has disappeared from the vernacular and  our conciousness. Because there's white boys working at the car wash. Because the women in porn are better-looking than ever


He encontrado una nota feminista (no más, pero igual se me ha pasado), hubiera querido más:
“The face that feigns acknowledgment that the better man got the promotion, even though deep down you and they both know that you really are the better man and that the best man is the woman on the second floor.” 

También hay una pequeña historia de amor, totalmente no al uso. El prota cultiva fruta y verdura en su jardín, fuma marihuana, y está enamorado de Marpessa, de toda la vida, que conduce autobuses urbanos y que está casada y con hijos. Esta es una relación muy mona ("Most couples have songs they call their own. We had books."), porque él sigue queriéndola y ella es una de esas negras abrasivas con las que seguro te ríes mucho. En un alarde autoflagelación, el prota nos cuenta bastantes veces que es "no imaginativo" en esto del sexo, así que parece que asume como el lógico curso de las cosas su relación con Marpressa, que a veces conduce el bus a la orilla de la playa ("She parallel-parked with the horizon"), y baja las escaleras, y los cuatro que quedan allí al atardecer se mojan los pies, como si fuera un chillout de esos de moda. Este tema sexual me ha dejado curiosa, porque también habla de "una manera particular de tener sexo" de los afrocaribeanos, que ahora ha sido copiado tras internet, y que consiste en lo que sea a los gritos del tío  "Who owns this pussy?" (de quién es este coño?). 

Antes de acabar, otro detalle que una ya sospechaba y que el autor comenta- otra cosa con la estoy totalmente de acuerdo con Beatty (aparte de que, como a él, gustarme el azul claro de una piscina iluminada por la noche) cuando habla de que un negro en pantalla, siempre robará la escena a un blanco. Da igual que sea Matt Damon, o Periko de los Palotes: todos los ojos irán a él. Yo esto lo tengo claro: la superioridad física de los negros y las negras es siempre brutal. Michelle Obama. Magic Johnson.  Naomi Campbell. Idris Elba. Sydney Poitier. Ponles cualquier modelo blanco al lado, da igual: se nos comen.

"Black people pop. "Pop" being Hollywood slang for having a dynamic camera presence, for being almost too photogenic (...) this is why they rarely shoot black and white buddy movies anymore; the bigger stars get whashed out (...) it becomes a screen test to see who's really the Invisible Man. And has there ever been a buddy movie featuring a black woman and anyone?"

"The sellout" es una novela para zambullirse en la otra L.A., para meterse en la piel de otros, para seguir cultivando la rabia. Es un libro para reír, para preocuparse, para aprender y, sobre todo, para pensar. Paul Beatty: sigo atenta a lo que escribas. 

20 de junio de 2017

No puedo quitármelo de la cabeza: Grenfell

27 divagues
No puedo sacarme de la cabeza el incendio de la Torre Grenfell. 

Este infierno, esta antorcha de pobres quemándose vivos en el barrio más rico de la ciudad más rica de uno de los países más ricos del mundo es una imagen, es una alegoría de lo que está pasando, de lo que se está convirtiendo el Reino Unido, y a donde va.  

Una catástrofe de esas dimensiones iba siempre a serlo, independientemente de dónde fuera, de las víctimas, de la causa. Pero lo que lo hace verdaderamente terrorífico es precisamente dónde ha ocurrido, las víctimas y las causas-lo que incluso sin haber empezado la investigación se empieza a ver claramente como responsable. 

Kensington es una de las zonas más caras de la ciudad, y probablemente del mundo. Pero una de las curiosidades de Londinium es que mansiones de millones pueden estar a la vuelta de la esquina de un "council state" (grupo de casas, en este caso una torre, del estado para personas pobre o directamente en la beneficencia). No nos engañemos con que esto supone una convivencia idílica: en absoluto, esto es la "Historia de dos Ciudades" si alguna vez hubo una, que en absoluto se tocan. 

Si vives en Kensington, tendrás pocos vecinos, porque el barrio está lleno de mansiones vacías: los ricos siempre viven en otro sitio. Calles y calles de enormes casas blindadas, que han subido el precios de calles y calles de casas normales, y que por efecto dominó, como he explicado otras veces, ha afectado a todo el "housing" de la ciudad. Los gobiernos han seguido favoreciendo esta cultura de llenar esta ciudad de dinero de mentira, ganado vendiendo humo o peor, y creando una ciudad fantasma, a la que vamos a acabar por arrancarle el corazón.

Si vives en Kensignton, te excavarás un subterráneo donde te instalarás un cine, un gimnasio y una bodega. Tendrás una cocina como las de la pelis, con una encimera de nosequé material que te costará diez mil libras. 

Si vives en Kensignton igual habrás votado en contra del Brexit porque estarás a favor de la Europa de los Mercaderas, del negocio, pero la regulación que viene de Europa te resbala, no te aplica. En Alemania y en otros países de la UE, las placas inflamables que hicieron que la torre se volviera una antorcha en poco tiempo están prohibidas-ahora dicen que también aquí. 

Si vives en Kensignton probablemente tengas carísimos abogados que te aconsejan cómo montártelo para pagar menos impuestos, a ti y a tu compañías. Y a las grandes compañías, sea cual sea. Que estén cómodas, no se vayan a ir. 

Si vives en Kensington, o cualquier barrio bien, y tienes la suerte de  no tener unos de esos guetos de pobres, podrás incluso llevar a tu hijo a un colegio público, donde te encontrarás los hijos de otra gente como tú y podrás  empujar al cole para que funcione con los estándares de uno privado. Si, por el contrario, hay  una de estas zonas, tendrás la pequeña inconveniencia de llevar a tu niño a privado porque el cole público se llenará de estos niños pobres. 

A uno de estos colegios públicos de Kensignton fue de niña Khadija Sayeuna chica de 25 años que vivía con su madre, de Gambia. A los 16 años ganó una beca por lo que destacaba artísticamente para ir a un prestigioso College, donde se rodeó de gente privilegiada "que ni se daban cuenta de su privilegio".  De allí fue a la universidad a estudiar arte, y formó parte de un grupo de cuatro mujeres, unidas por la creatividad. No tenía dinero, su estudio estaba en su piso en la planta 20 de aquella torre. Cuando un agente se interesó por su obra y quiso visitar su estudio, no podía imaginar que sería un piso de la beneficencia. De repente, Khadija empezaba a ser reconocida, y este año había estado en la Bienal de Venecia, exponiendo sus fotografías

Khadija es un ejemplo no solo de todo lo que se ha perdido con Grenfell, sino de todo lo que estamos perdiendo, cada año, cada día, cada minuto que estamos permitiendo que se pongan intereses por delante de las personas. En aquella torre vivían cientos de personas cuyas historias tenemos que oír, ponerles cara.

Necesitamos ver la cara de la gente que ha sufrido, que está sufriendo. 

Necesitamos respetar a los que tienen menos, y perder el respeto a los que tienen más. 

Necesitamos reclamar que deje de haber casas cerradas. 

Necesitamos exigir que se deje de favorecer a las corporaciones sin importar las personas. 

Necesitamos acabar con la imposición de austeridad al pueblo. Se ahorraron unas 5000 libras con los paneles inflamables cuando remodelaron la torre. Menos que la encimera de la cocina de cualquiera de las mansiones de por ahí cerca. 


Necesitamos darnos cuenta que no podemos seguir dando el poder a los partidos que ayudan a que esta desigualdad continúe. 

Este desastre es la consecuencia de la avaricia. Tenemos que entenderlo: Khadija y tantos otros se han quemado vivos porque este sistema no funciona. 

Y yo no puedo quitármelo de la cabeza. 


17 de junio de 2017

"¡20 años ya!"

22 divagues
17 de Junio de 2017: Hoy hace 20 años que los Pedalistas iniciamos la aventura en el Reino Unido.

Para celebrarlo: ¡He conseguido que el Peda me escriba el divague! 

Muchas gracias, compa de piso. 

Por todo. 



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Veinte años y sin aprender inglés, por dios, pero qué veinte años. Veinte años de no parar de disfrutar, de hacer cosas que hacen los británicos que no hubiéramos soñado hacer en España, veinte años de aprender otras formas de mirar el mundo, irreparablemente contaminados, veinte años de anglofilia y un poco (últimamente) de anglofobia, de conocer mucha gente de muchos sitios, muchos sitios de este país y muchos países del mundo, veinte años que cada vez se pasan más rápido, veinte años de tantas y tantas cosas que no caben en un post.

Son 7.305 días, más de mil semanas, más de mil historias. Nos recuerdo llegando a Gatwick y un anuncio de Heineken, verde. Luego Ángeles y la casa de Steve, y Grimsby y Cleethorpes, y tantas cosas de allí, 19 años sin volver, y más adelante Derby y Nottingham, St. Ann’s, el Welcome Inn y el ICDiscounts, el chiringuito de cambio de moneda y las mochilas, y ya Londres, con esa aventura latinoamericana de inicio, Londres y más Londres, con un piso que cada día me gusta más, en una ciudad cada vez más difícil.

Nos recuerdo viniendo para cinco años o “mientras estemos a gusto”, con ese billete de ida que da vértigo pero como tantas de las cosas que hemos hecho, sin vértigo, sin miedo, tirándonos a la piscina porque seguro que hay agua, y luego resulta que había agua. Y ahora el vértigo es pensar que te quedas aquí “para siempre”, que ya no hay vuelta atrás, que esto va en serio, y que más vale que me ponga a aprender inglés.

Veinte años que dan para mucho, bueno y malo, y ahora encima con una hija inglesa y a la que le gustan los toros, que pasa del españolismo cañí al amor a la reina sin solución de continuidad, veinte años que se harán treinta porque esto es ya una cuesta abajo, y no tenemos frenos, no ponemos frenos. A veces pienso que a mis abuelos jamás se les pasaría por la cabeza que tendrían una hija inglesa, una hija extranjera, que tendría que ser un shock, y sin embargo, aquí estamos. Las decisiones tienen consecuencias, para lo bueno y para lo malo, y en este caso ha sido para bueno, para bien y para mejor. Puedo imaginar otras vidas fruto de otras decisiones y, aunque suene panglossiano, no puedo imaginar una vida mejor que esta.

Veinte años juntos. Tú siempre a mi lado.

12 de junio de 2017

"Comeclavos" de Albert Cohen

22 divagues
Una lee como vive: alerta. Este último año ha sido tan terrible políticamente- volantazos que iba tomando el mundo, decisiones hacia el abismo, sensación nos despeñamos- que era imposible no sufrir, no solo al leer los periódicos, sino al leer literatura. Afortunadamente, el pasado jueves las elecciones británicas, y el dedo central elevado a primera ministra me ha dado un poco de balón de aire, y puedo seguir respirando. Igual hay esperanza, igual. 

Pero mientras leía "Comeclavos", la novela de Albert Cohen no tenía este pequeño oasis al que me aferro-igual tontamente-, y pensaba que íbamos a elecciones que iban a dar aún más mayoría a un gobierno que quiere todo lo que yo no, y todo lo que aterra en la novela se magnificaba, y resonaba como parte de lo mismo, en el fondo.

Enric González hizo una columna sobre "Comeclavos" en 2009 en El País, y os lo explicará mucho mejor: en esta novela Albert Cohen ha hecho un epitafio en 1938 a algo que no iba a existir ya más como entonces y como tal, los judíos europeos. Aunque Cohen sufrió el antisemitismo toda su vida, desde su infancia en mi amado Jónico (Corfú), hasta su juventud en Marsella, en los años 30 el horror en el horizonte era más que claro. Y mientras vas leyendo lo que en principio podría ser una novela humorística (no he leído a Rabelais, pero ese es su estilo dicen), imposible no quedarte con las miguitas que va lanzando Cohen de cómo debe ser sentirse odiado en una comunidad: pintadas en las paredes, comentarios, actitudes, prejuicios. Como sabemos lo que en 1939 empezó, todo esto escuece, como sabemos que esto está hoy a la orden del día, aquí mismo en Europa, todo esto duele. ¿Seremos tan incautos de olvidar?

Pero empecemos con el divague, tal vez repasando uno de los más visitados viejos divagues, uno de los más desestructurados y escritos a vuela pluma: "Bella del Señor". Yo leí este libro, el tercero de la tetralogía de "Los Esforzados" de Cohen [por este orden: "Solal" (1930), "Comeclavos" (1938),  "Bella del Señor" (1968) y "Los Esforzados" (1969)] porque lo veía en las estanterías de los osos, y porque Justanotherspy, un divagante de la época lo listó entre los libros que le habían impactado/influido. Tras leerlo, está también en mi lista-impacto, y lo intenté explicar aquí. La novela es un Tour de Force y, cuando sales, debes necesitar un par de años mínimo antes de seguir-desordenadamente-la saga. A mí me ha costado cuatro, pero ha sido por la dificultad de encontrarlo: me lo tuvo que regalar Marisa. 


Y lectura desordenada porque creo que la mayoría de los lectores seguirán mi trayectoria: empiezan por "Bella", que para eso fue Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y uno de los clásicos del SXX en listados de aquellos. Pero cuando empiezas con las aventuras de este quinteto enloquecido (Saltiel, Matthatias, Michael, Salomon y Pinhas-conocido como Comeclavos) ya los recuerdas tras el capítulo en el que pululan alrededor de la casa de Ariane una noche, haciendo sus habituales trapalas. Esta panda son más o menos tíos o familiares de Solal, el guapísimo judío prota de "Bella" (alter ego de Cohen) que trabaja en un estupendo puesto en las Naciones Unidas. "Comeclavos" comienza en Cefalonia (imposible no volver a Assos, el verano pasado, e intentar imaginarlos entre las calluejuelas encaladas reventando a buganvillas), donde ocurren típicas situaciones "esforzadas" como que una leoncilla se escapa del zoo y todo el mundo se enjaula (incluso jaulas-taxi) para estar protegidos, y luego este grupo demencial se desplaza a Ginebra, donde se encuentran con Solal, y con la familia Deume, que es con quien termina el libro, preparándonos para "Bella".

Yo no recuerdo haber despreciado tanto a los Deume en el anterior, como lo he hecho aquí. Quizás porque en "Bella" aparecen lateralmente, casi un alivio cómico, pero en "Comeclavos" muestran su vileza de pequeñoburgueses parásitos y felices tan bestialmente que una no puede evitar tenerles asco, ni aunque te rías. Ella, un dromedario con una bolita de carne que le cuelga y se toca en la garganta, beata hipócrita, que pone continuamente pruebas a las criadas para comprobar que no le roban ("No hay modo que te obedezcan los criados... si es la Revolución, que lo digan!"). El marido, un sinsal que habla con la "z", en permanente estado del terror de su mujer. Y han colocado al hijito por enchufe en las Naciones Unidas, hijo que casa con Ariane, la Bella, y que se dedica a intentar trepar siendo el palanganero de los que percibe podrá sacar algo ("aspiraba en definitiva a ser vivir como eterno inferior"), su nulidad para trabajar y el sinsentido de la burocracia como una representacion, a través de él. 

La rabia de Cohen sobre el antisemitismo está ahí, y va aumentando durante la novela, "(...) el crimen de haber nacido judío. De haber nacido. Ni una ciudad en el mundo en cuyas paredes no hubieran leído "Mueran los judíos". ¿Ignoraban quienes escribían esas palabras que los judíos eran humanos con ojos para ver y corazón para sufrir?", pero también aparece evidente, sobre todo en la parte de los Deume, ante el espejo de estos burgueses infames, su visión del mundo:

"A mí no me gustan los ricos. Donde hay dinero, hay falta de corazón. Galvanoplastia. El oro cubre al corazón como una capa metálica. Sí, para seguir siendo rico, era menester no ser bueno. Nada podían hacer los que nacían ricos. No por eso resultaban menos apestosos. Sí, nadie tenía la culpa. Pero con tan noble pensamiento se convertía en un zoquete que decía que sí a todo".

"Y se fueron, aquejados de la enfermedad de los ricos. Estaban inquietos, temían devaluaciones, huelgas, quiebras, guerras. Además, se sentían pobres. Tal es el misterio de los ricos. Se preocupaban por hacer inversiones seguras que no encontraban. En fin, se daban cuenta de que las dictaduras tenían su aspecto bueno (...)"

"El higrómetro también anunciaba buen tiempo, pues era el pastor el que había salido del chalé, y no el socialista, una figura de madera que llevaba un cuchillo entre los dientes".

En estas citas se aprecia la ironía y en las siguientes su mala baba, el escalpelo que usa para destrozar a todos:

"La charla fue particularmente cordial ya que se aborrecían"

"Su desprecio por la política y su amor por la metafísica".

"No entregaba su corazón a nadie, pero ofrecía su amabilidad a todos"

"¿Qué es lo que ocultaba tanta honradez?"

Porque, como en "Bella", no hay personajes positivos. Ni el Sancho Panza patán que da el nombre al libro, aunque entiendo que algún lector le pueda coger cariño-no ha sido mi caso. Hay particularmente una escena de su glotonería con sus hijos aún en la isla particularmente desagradable, y paso de entrar en metáforas. Es un problema cuando uno no "quiere" de alguna manera a un protagonista (me pasó, por ejemplo, con "El Gran Gatsby", siempre con aquel "old sport" tan irritante), de esa manera como debemos hacer nuestro un personaje, que no hace falta sea gustándote. O a mí me pasa.

Una lee como vive: alerta. Y afortunadamente, el final de esta novela con la que te ríes y a su vez estremeces, ha venido acompañado de un respiro. Igual deberíamos todos leer más sobre lo que pasó en Europa en los años 30, y pensar. Siempre una gozada de la mano de alguien que escribe como los ángeles, porque ante todo, este libro es también literatura. Gracias, Señor Cohen,  infernalmente guapo Solal. 

"El amor no es una dama que te gusta, sino las cartas que le escribes".